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EL DILEMA DEL BCE: EXPANSIÓN CUANTITATIVA (QE) O FIN DEL EURO

28 de Noviembre de 2010 | 1 Comentario

Ya se empieza a vislumbrar en los medios de información económicos la opinión de que el mantenimiento del Euro es insostenible.

La realidad es que la situación no parece muy halagüeña. Todavía no se ha terminado de concretar el rescate de Irlanda (siguen trabajando los fines de semana para calmar a los mercados los lunes) y ya se está planteando el rescate de Portugal (y España, Italia,…).

Esta vez, el pánico (quizás fuera políticamente más correcto decir “movimiento especulativo”) se desató gracias a unas declaraciones de la Sra. Merkel sobre el reparto de las pérdidas de los activos financieros a partir del año 2013, instando a que las instituciones e inversores privados asuman parte de las mismas (reestructuración de la deuda antes de concretar los rescates).

Con independencia de la idoneidad de dichas declaraciones en el momento actual, lo que parece evidente es que ha llegado el momento de tomar la decisión política oportuna para acabar con las ambigüedades que se están manifestando y que dan lugar a situaciones cada vez más virulentas y destructivas.

Lo que parece que está claro es que HAY PÉRDIDAS (actuales y potenciales), y que éstas han de absorberse por alguien. Lo que parece que no está tan claro es quien debe cargar con las mismas.

Cuando los políticos alemanes (entre otros) hablan de los excesos cometidos por los países del sur de Europa, no cuentan la otra parte de la película, es decir, que para que ellos pudieran producir más de lo que consumían alguien tenía que comprárselo, que para favorecer esa compra tenían que financiarla, y, sobre todo, que es obligación de los prestamistas el comprobar la solvencia del potencial prestatario, y, por tanto, asumir los riesgos inherentes a la inversión realizada. No creo que los grandes inversores e instituciones internacionales desconozcan los términos de solvencia, liquidez, riesgo, información asimétrica, riesgo moral,… Tampoco tienen en cuenta que cuando se dice que “un país ha vivido por encima de sus posibilidades”, parte de esas posibilidades vienen dadas por las facilidades de acceso al crédito y, por tanto, vienen determinadas por las condiciones existentes en los mercados financieros y las políticas seguidas por los bancos centrales, quienes también tienen la obligación de evaluar dichas “posibilidades”.

El dilema que se plantea en todo caso es cómo hacer frente a la gran cantidad de deuda pública y privada acumulada, existiendo dos posibilidades: o se opta por un proceso rápido de reestructuración de la deuda, aceptando las quitas y bancarrotas que ello implique, o se opta por una política de expansión cuantitativa del BCE, garantizando la refinanciación necesaria a unos tipos de interés apropiados, ganando el tiempo necesario para la ejecución de las reformas estructurales necesarias, tanto a nivel nacional como de la Unión Europea.

Parece evidente que la primera opción implicaría la desaparición de la moneda común, no sólo por la crisis financiera que se generaría, sino por la necesidad de los países de recuperar la política monetaria (depreciación de la moneda y monetización)  para poder hacer frente a la grave recesión. Se pondría en peligro el mantenimiento incluso de la propia UE. Claro que hay opiniones diferentes, como el artículo “La bancarrota necesaria”, de J. Fernández-Villaverde, L. Garicano y T. Santos en El País: www.elpais.com/articulo/economia/bancarrota/necesaria/elpepueco/20101128elpepieco_5/Tes 

La segunda opción implicaría la defensa firme de la UE y la UME, en la que cada parte asume su responsabilidad ante la crisis y ante las soluciones necesarias para la salida de la misma. Aunque esta segunda opción es ampliamente criticada y desestimada, especialmente por Alemania, se dan una serie de circunstancias que la favorecerían:

-         El saldo exterior de la Unión Europea a nivel global está equilibrado, lo que permite un amplio abanico de medidas de ajuste interno.

-         La principal crítica de las políticas de QE, que generarán inflación, tiene dos posibles contestaciones. La primera, que para que se produzca inflación las economías se deben encontrar en el entorno de sus rentas potenciales (pleno empleo o NAIRU), estando en la mayoría de los casos las economías en una situación de exceso de capacidad instalada (falta de demanda agregada). En el caso excepcional de países en la proximidad del pleno empleo (fundamentalmente Alemania), un aumento de la inflación favorecería la corrección necesaria de los desequilibrios comerciales dentro de la UE. La segunda es que un periodo de inflación moderada ayuda a disminuir la carga de la deuda y favorece el reparto de la misma hacia los acreedores (que recordemos que también tienen su responsabilidad en los procesos de endeudamiento).

-         El BCE se enrolaría en la misma política monetaria que están haciendo los bancos centrales de las principales economías del mundo (EEUU, Japón, UK,…) y, por tanto, dado el peso de la UME y el Euro en la economía mundial, no tendría porqué sufrir especiales tensiones en los mercados de capitales y de cambios. Al fin y al cabo, los inversores necesitan activos en los que invertir (hay algunos autores que opinan que la crisis financiera se debe a la escasez de activos financieros), y los activos emitidos por los países de la UME, con el respaldo del BCE, son tan buenos o mejores que el resto de activos del mercado.

-         Al adoptar el BCE políticas similares al resto de los países desarrollados, cuando se produzca el momento de invertir las medidas adoptadas, facilitará la cooperación entre los mismos para evitar tensiones cambiarias, inflacionistas, …

-         Se eliminarían las tensiones actuales en los mercados de deuda de la UME, disminuyendo los costes de la misma y permitiendo a los distintos miembros concentrarse en el diseño e implantación de las reformas estructurales necesarias. Así mismo la UE dispondría del tiempo necesario para afrontar las reformas oportunas.

-         Se evitaría el auto-cumplimiento de profecías (self-fulfilling prophecy), y, por consiguiente, se frenarían los procesos de especulación destructiva de activos y mercados.     

Por tanto, creo que nos encontramos en el momento más importante de decidir nuestro futuro inmediato, y nos enfrentamos a un dilema: o expansión cuantitativa o fin del Euro. Esperemos que nuestros políticos (y asesores) estén a la altura.

Algunos artículos relacionados de interés:

Artículo de Paul Krugman, “Comerse a los irlandeses”, cuyo enlace directo es: www.elpais.com/articulo/economia/global/Comerse/irlandeses/elpepueconeg/20101128elpnegeco_3/Tes/

Artículo de Angel Ubide, “La clase política vuelve a las andadas”, con enlace directo:

www.elpais.com/articulo/primer/plano/clase/politica/vuelve/andadas/elpepueconeg/20101128elpneglse_6/Tes/

UNA MIRADA ALTERNATIVA A LOS MERCADOS DE DEUDA Y LA CONSOLIDACIÓN FISCAL EN ESPAÑA

19 de Noviembre de 2010 | Deja un comentario
por → Jorge Uxo

La zona euro se enfrenta a un problema de escasez global de demanda, que se ha manifestado en una recesión importante de sus economías durante 2009 y unas perspectivas de crecimiento muy moderadas para los próximos años (según el FMI, un 1,5% en 2010-2011 y un 1,8% en 2012-15). A la vez, el desempleo se ha incrementado sustancialmente, hasta un 10,1% de media. En España, estos datos son aún más desfavorables: el crecimiento medio previsto para 2010 y 2011 es del 0,2%, y para 2012-2015 del 2%, mientras que la tasa de paro se sitúa ahora mismo en torno al 20%.

En este contexto, sin embargo, los gobiernos europeos –también el español- han puesto en marcha, simultáneamente, un programa muy drástico de consolidación fiscal, que deprimirá aún más la demanda, y que tendrá por tanto un efecto procíclico. ¿Con qué justificación?

Los argumentos que se ofrecen son varios. El primero sería que, en realidad, los programas de estímulo fiscal han fracasado y no tienen efectos reales sobre la demanda, por lo que cabría esperar que las reducciones de gasto tampoco tuviesen efectos restrictivos importantes. Incluso, generarán “confianza” en los agentes económicos y acabarán provocando un efecto neutro o positivo. Desde el punto de vista teórico, este argumento parece basarse en la hipótesis de equivalencia ricardiana, pero los supuestos en que descansa son ciertamente muy restrictivos en condiciones normales, y es aún más improbable que se cumplan en un contexto de recesión como el actual, donde hay, por ejemplo, un número elevado de hogares con restricciones de liquidez. Tampoco parece justificado el temor a que la expansión del gasto público “expulse” la inversión privada: ésta no se recuperará mientras que el grado de utilización de la capacidad productiva se encuentre en niveles tan reducidos (74%), por lo que, en todo caso, el gasto público podría animar la inversión más que retraerla. Por otro lado, la evidencia empírica ofrecida por el propio Fondo Monetario Internacional[1] sí muestra que los programas de ajuste fiscal tienen efectos restrictivos importantes en la mayoría de los casos. Y los datos de crecimiento del tercer trimestre publicados por Eurostat confirman una desaceleración de las economías de la unión monetaria (0,4% de crecimiento intertrimestral, frente al 1% del segundo trimestre).

También se ha manejado una segunda justificación, más implícita que explícita, que se deriva de una postura contraria a priori a la intervención pública y a la posibilidad de que el gobierno incurra en déficit y deuda. Aprovechando que la crisis ha provocado (y no al revés) un aumento del gasto público y del déficit, y que por tanto la deuda ha crecido, se afirma que el gasto es insostenible, que el sector público es demasiado grande en nuestras economías, o que nuestro Estado de Bienestar no puede financiarse si no se acometen reformas (eufemismo para recortes). Por tanto, cualquier momento es bueno para adelgazar nuestro sector público. Ahora bien, como este argumento no es coyuntural, sino estructural, debería justificarse utilizando los datos del tamaño del sector público anterior a la crisis, o al menos descontando los efectos sobre los gastos e ingresos públicos que se derivan de la actuación de los estabilizadores automáticos. En el caso de España, lo que estos datos arrojan no es precisamente un sector público hipertrofiado: en el periodo 1995-2007, la media de los ingresos públicos era el 45,7% del PIB en la UEM-12, frente al 38,7% en España, y los gastos representaban el 48% y el 40%, respectivamente. Y el gasto social también se sitúa por debajo (en torno al 21% del PIB en España, frente a un 27% de promedio de la UE.

MARTIN WOLF, LA COMISIÓN EUROPEA Y LAS ALTERNATIVAS DE POLÍTICA FISCAL

2 de Octubre de 2010 | Deja un comentario
por → Jorge Uxo

El pasado 29 de septiembre la Comisión Europea aprobó un paquete legislativo que pretende reforzar la “gobernanza económica” de la Unión Europea y de la zona euro. Cada vez queda más claro que la salida de la crisis para los países de la periferia no puede lograrse de forma autónoma, sino que requiere la adopción de un plan coordinado entre los gobiernos europeos y el BCE que permita resolver los actuales desequilibrios entre países deudores y acreedores sin prolongar la depresión. Las alternativas a este plan europeo de recuperación son el paro masivo o, al final, tras un doloroso proceso, el abandono de la unión monetaria.

Las medidas propuestas por la Comisión, sin embargo, van exactamente en la dirección contraria: un endurecimiento aún mayor del Pacto de Estabilidad y Crecimiento y un aumento del poder de Bruselas para imponer de forma autónoma y casi automática sanciones a los países que no apliquen las medidas de restricción del déficit y la deuda que se les propongan, con una pérdida de la soberanía nacional –democrática- nada disimulada. De hecho, esta propuesta es una auténtica “contrarreforma” de los cambios que se introdujeron en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento en 2005, cuando las consecuencias de la desaceleración de 2001 habían puesto de relieve la necesidad de flexibilizar la norma para evitar que una reducción demasiado rápida del déficit impidiera la recuperación. (Un pequeño detalle: los países que entonces tenían déficit excesivo y se arriesgaban a una sanción eran Alemania y Francia…).

El segundo ingrediente de la propuesta es la creación de un “Procedimiento de Desequilibrio Excesivo”, que vigilará la situación macroeconómica de los países europeos e impondrá medidas correctoras e incluso sanciones a aquellos que presenten desequilibrios elevados. Aparentemente esto puede ser una idea interesante: vigilar la aparición de desequilibrios para evitar la aparición de crisis posteriores. Sin embargo, la propuesta vuelve a estar sesgada y fomentará la competencia a la baja en las políticas salariales (y de protección social) y la aplicación de políticas más restrictivas. ¿O es que se sancionará a los países que tengan mayores porcentajes de desempleo, para impulsarles a generar más demanda? Obviamente, no. Y si un país gasta sistemáticamente menos de lo que produce, ¿se sancionará al país que, endeudándose, acaba absorbiendo el exceso de capacidad del primero? ¿Qué debería hacer este país, restringir también su demanda? ¿Iniciar una devaluación competitiva mediante rebajas salariales, para evitar la sanción? En definitiva, que las propuestas de la Comisión vuelven a representar un modelo de coordinación asimétrica de la política económica: se penalizan los déficit y las políticas “demasiado” expansivas, pero no se promueve la cooperación cuando hace falta más expansión de la demanda.

(Las propuestas de la Comisión pueden consultarse aquí: http://ec.europa.eu/economy_finance/articles/eu_economic_situation/2010-09-eu_economic_governance_proposals_en.htm).

Es importante señalar, sin embargo, que contra lo que pueda parecer, el debate intelectual y político sobre las distintas alternativas fiscales se mantiene, y que no hay una sola opción posible. Un ejemplo es el nuevo plan de estímulo fiscal que ha propuesto recientemente el Presidente Obama. Y desde el punto de vista intelectual no podemos dejar de mencionar el artículo publicado el pasado 30 de septiembre por Martin Wolf en Financial Times, a raíz de la valoración –positiva, claro- que el FMI ha hecho de los planes de reducción del gasto del gobierno británico. (Puede leerse el artículo completo aquí: http://www.ft.com/cms/s/0/07e8d3f4-ccc1-11df-a1eb-00144feab49a.html).

Martin Wolf discrepa de esta valoración positiva, y su argumento parece convincente. En primer lugar, las propias previsiones del FMI registran una tendencia del PIB a medio plazo muy por debajo de la que habría seguido sin la crisis, lo que implica que se mantendrá un exceso de capacidad y que habrá recursos sin utilizar. Aceptar este bajo crecimiento habiendo una alternativa de política económica que puede evitarlo es sencillamente estúpido, aparte de que no pueda llamarse a esta situación una “recuperación equilibrada”, como hace el FMI. En segundo lugar, esta reducción en el PIB puede acabar convirtiéndose en permanente precisamente por la inacción de las autoridades económicas, a través de una reducción prolongada de la inversión –menor dotación de capital- y como consecuencia del paro de larga duración –que tiende a expulsar definitivamente a muchas personas del mercado de trabajo-. En tercer lugar, no debería limitarse la aplicación de una política más expansiva por el temor a la inflación: a medio plazo, el riesgo actual es más bien el contrario, la deflación, como pone de manifiesto el ejemplo de Japón.

Esta política más expansiva significará más déficit público, pero esto choca desde luego con la posibilidad de encontrar financiación suficiente en los mercados financieros. Por tanto, se hace necesario que sea el Banco Central el que compre estos títulos de deuda, monetizando el déficit.

Si esta solución parece razonable para Reino Unido, también lo es para la situación actual de la zona euro. Salvo que la retórica de la austeridad y los prejuicios ideológicos sigan prefiriendo la terapia (inútil) del paro prolongado y los recortes sociales, claro.

COMPORTAMIENTOS CONTRADICTORIOS DEL BCE

14 de Julio de 2010 | 1 Comentario

Algo que se observa en períodos de crisis, como el actual, es que los bancos prestan menos. No sabemos bien si esto es lo que provoca la crisis, o por el contrario, es un efecto de ésta. La reciente encuesta de prestamos (Bank lending survey), realizada por el BCE, de abril de 2010, no es de mucha ayuda para resolver la cuestión de causalidad. Como apunta García Montalvo, los bancos han endurecido su política de concesión de créditos, pero en buena medida esto es consecuencia de su laxitud previa, así como del panorama actual, que no invita precisamente al optimismo.

Si los bancos prestan menos esto puede ser por diversas causas, o una combinación de ellas.

Primero, porque desconfían de la capacidad de los prestatarios para hacer frente a los servicios de la deuda. Segundo, porque desconfían del resto de los bancos. Tercero, y relacionado con lo anterior, porque carecen de recursos líquidos y/o solvencia. Esto último no supone admitir la lógica monetarista de los manuales de texto convencionales de Macroeconomía, por la que los bancos primero captan depósitos y luego prestan. Según la lógica del dinero endógeno, cuando un banco A presta a un agente X, A crea un depósito; pero este depósito puede ir a parar a un banco B si el prestatario X realiza un pago y el receptor de la liquidez es cliente de B. Entonces A tiene una deuda con B. Si B no se fía de A le exigirá la cancelación de su deuda, para lo que A deberá entregar algo a B (según la lógica de la endogeneidad del dinero, A no puede crear dinero para pagar sus propias deudas). Una posibilidad consiste en que el banco central preste a A. Y, alternativamente, el banco A puede entregar a B algún activo válido (por ejemplo, deuda pública emitida por un tesoro solvente).

PROPUESTAS DE POLÍTICA ECONÓMICA PARA PAÍSES DE LA EUROPA DEL SUR

9 de Julio de 2010 | Deja un comentario

 

Podemos analizar la situación presente considerando que la economía del país de referencia tiene tres objetivos:

 1.-Alcanzar un crecimiento potencial suficientemente rápido para garantizar el empleo de la mano de obra. El aumento de la tasa de crecimiento potencial se logra con políticas de oferta que operan en el medio-largo plazo. Como actualmente el crecimiento real es muy inferior al crecimiento potencial, consideraremos aplazable la actuación sobre este objetivo y nos limitaremos a los dos siguientes.

 2.-Lograr que el crecimiento real de la economía se iguale a su crecimiento potencial.

 3.-Garantizar la estabilidad de la relación deuda pública-PIB.

 Para alcanzar estos dos objetivos, la economía puede, en principio, contar con dos instrumentos, que son: el manejo del tipo de interés nominal y la política fiscal cuyo impacto puede medirse por el déficit primario.

 En circunstancias normales es posible alcanzar ambos equilibrios simultáneamente, es decir, se puede encontrar una combinación de tipo de interés nominal y de saldo fiscal/PIB con los que la relación deuda/PIB es estable y también lo es la tasa de inflación al situarse la economía en su tasa de crecimiento potencial.

 ¿Qué sucede si esta economía experimenta una perturbación contractiva? Que, de pronto, peligra el logro de ambos objetivos: el crecimiento de la economía será menor que el potencial, lo que generará la aparición de tensiones deflacionarias, y esta reducción del crecimiento tenderá a favorecer el aumento en el tiempo de la relación deuda/PIB.

MÁS SOBRE LA CARTA AL EMBAJADOR DE ALEMANIA

30 de Junio de 2010 | Deja un comentario
por → Jorge Uxo

Estimados señores Alonso y Müller,

He leído sus argumentos en las cartas que se han intercambiado (post de los días 15 de junio y 26 de junio) y no he podido evitar la tentación de intervenir en su polémica. Dado que ustedes han decidido hacer públicas estas cartas, espero que no lo interpreten como una falta de discreción por mi parte.

Empezaré por presentarme. Soy un trabajador español y tengo contraído un crédito hipotecario con una entidad bancaria que, probablemente, captó los fondos que me prestó en los mercados internacionales. Si a esto le sumamos mi parte alícuota de la deuda pública española, soy uno de esos “deudores” sobre cuya capacidad de pago han estado ustedes discutiendo.

Creo que también es importante decir que no pedí el crédito por capricho o por una excesiva euforia. Aunque ahora escucho con frecuencia que viví por encima de mis posibilidades, me he educado en un entorno bastante austero y de prudencia financiera. Simplemente, casi no tuve más remedio: vivo en Madrid y ya saben ustedes que los precios de la vivienda se dispararon en los últimos años. Como ven, la burbuja inmobiliaria tuvo dos caras: es cierto que algunos hicieron muy buenos negocios y que dio empleo a muchos trabajadores poco cualificados…, aunque con salarios demasiado bajos para pagar las viviendas que construían sin pedir créditos muy elevados.

Pero ahora es tarde para lamentarse y a mí me gustaría pagar mi deuda. Primero, porque deseo hacer valer la palabra dada al firmar la póliza de crédito. Segundo, porque creo que, como dice el señor Müller, éste es uno de los fundamentos del funcionamiento de la economía de mercado y de la sociedad en general. Tercero, porque al contrario que el señor Alonso, creo que no sería justo no hacerlo. Y, cuarto, porque las consecuencias personales que esto tendrá para mí y mi familia serían muy desagradables.

Para pagar mi deuda necesito sobre todo mantener mi puesto de trabajo (y el de mi mujer: somos una familia numerosa) y unos ingresos salariales suficientes. De momento, el gobierno español ha tomado dos decisiones (al parecer, empujado por los sabios economistas europeos y por los mercados) que van a hacerlo más difícil: ha reducido mi sueldo y ha facilitado las condiciones para que mi mujer pueda ser despedida más rápidamente y con una indemnización menor. Y el gobierno alemán encabeza una política de recortes fiscales en toda Europa que podrían hacer esto más probable. Parece que para hacer frente a mis deudas no me quedará más remedio que ahorrar más y gastar una parte mayor de mi reducida renta, como ya están haciendo muchas otras familias.

Si me dan a elegir, también preferiría que hubiera un poco más de inflación que un poco menos, ya que mi deuda está establecida en términos nominales. Pero me temo que la obsesión monetarista del BCE y de Alemania nos obligarán a moderar aún más el crecimiento de nuestros salarios. Así que tendremos que ahorrar incluso un poco más –y gastar un poco menos-.

Señor Müller, una primera lectura de su carta casi me convence de que la culpa era nuestra (de los deudores). Al fin y al cabo, su lógica es –aparentemente- impecable: el problema se encuentra en la menor productividad de los españoles (usted dice de las “empresas” españolas, aquí suele traducirse como de los “trabajadores” españoles; cuestión de perspectiva) y de unas pretensiones salariales excesivas. Y la solución también parece impecable: mejoremos nuestra competitividad y seremos capaces de exportar más y resolver nuestros problemas. Por supuesto que tenemos mucho que mejorar y estamos dispuestos a aprender de su reconocida eficacia, y también comparto su idea de que la competencia entre las empresas es un incentivo importante para el funcionamiento de la economía. Pero pensándolo más despacio, creo que su argumentación tiene algunos fallos importantes. Le ruego que no tome como una impertinencia que pase a detallarlos:

  • Usted no hace mención al principal problema al que se enfrenta la economía en estos momentos –no sólo la española, sino la de toda Europa-: la falta de demanda global. Por tanto, no es un problema de eficiencia productiva de España o de Alemania, ya que esto sólo resolvería el problema del “reparto” de una demanda insuficiente. En una u otra parte, seguiría existiendo desempleo, salvo que usted siga creyendo que la oferta crea su propia demanda y se tome en serio los modelos neoclásicos de crecimiento.
  • Expresado en otros términos, yo diría que el giro que intentó dar en su carta, desde una perspectiva macroeconómica a otra microeconómica (“las empresas”) no es la adecuada, ya que los efectos agregados de las decisiones individuales son muchas veces contrarios a los que cabría esperar. Por ejemplo, ¿qué efectos tendría sobre la demanda global la competencia entre los trabajadores alemanes y españoles por mantener sus puestos de trabajo compitiendo mediante bajadas salariales? Esta política, que antes se llamaba “empobrecer al vecino”, no tendría vencedores, ya que lo que cuenta es la posición relativa. Incluso puede ser un juego con suma negativa al reducir los ingresos totales: todos produciríamos menos, ya que sólo se puede vender lo que alguien quiere (calidad, eficiencia) y puede (renta) comprar.
  • De hecho, ahora que me doy cuenta, lo que parecía una medida muy razonable desde mi perspectiva familiar (ahorrar más para pagar las deudas) puede ser muy peligroso si se extiende a toda la economía. ¿No era esto lo que en la Facultad de Economía llamaban “paradoja de la austeridad”?
  • Por todas estas razones, las tres alternativas que propone para España son soluciones falsas. Si los españoles desempleados se desplazan a Alemania, ¿para qué iban a ser contratados allí, si su producción no podría ser vendida por falta de demanda? Por eso mismo, ¿por qué iba a querer comprar un empresario alemán una empresa española? Y si lo hiciese, ¿no sería para sustituir las exportaciones alemanas a España, dejando en el desempleo a otros trabajadores? (Quizá a los españoles que se habían desplazado a su país, aunque en esto del desempleo no soy nada nacionalista).

 

No quiero alargarme más. Simplemente quería transmitirles, como deudor que soy, que mi deseo es pagar hasta el último euro (¿o serán pesetas?) que debo, pero que la política de los gobiernos europeos puede acabar haciéndolo muy difícil. Por otro lado, no veo muy claro en qué medida los planes de rescate podrían ayudarnos o simplemente dilatarían el problema. A mí me sigue pareciendo que sería mucho mejor un cambio radical en las políticas de los gobiernos europeos. En cualquier caso, sigo abierto a discutir estos puntos de vista con ustedes.

Un cordial saludo,

Jorge Uxó

RESPUESTA A LA “CARTA A LA EMBAJADA ALEMANA EN ESPAÑA”

26 de Junio de 2010 | 1 Comentario

Soy un economista de origen alemán que trabaja en España. He leído la carta que ustedes publican y querría exponer mis desacuerdos. Considero que el contenido de la carta puede resumirse en las dos ideas siguientes:

a)     que la deuda pública emitida por España en manos de ahorradores alemanes no va a ser cobrada;

b)     que está justificado que no se cobre.

Me atrevo a suponer que existe algo de wishful thinking en su planteamiento: como al autor no le parece justo –o no le gustaría– que esa deuda se cobre, quiere creer que, de hecho, no se cobrará.

¿Por qué no debería cobrarse? Eliminemos todos los intermediarios para razonar con sencillez. Supongamos que un trabajador alemán ha producido su ordenador y se lo vende a crédito en una transacción voluntaria al Gobierno español. ¿Por qué no debería cobrar su importe? ¿Es acaso razonable, es positivo para el funcionamiento de un sistema económico, es justo que los créditos no se paguen? La confianza en el cumplimiento de los compromisos es uno de los pilares de la vida económica y, yo diría, de la civilización. Generalice usted el cumplimiento de su deseo y las transacciones se paralizarán.

Supongamos que sea cierta su tesis de que Alemania ha logrado ventajas y España ha resultado perjudicada por su integración en la Unión Monetaria Europea. Si hubiera sucedido lo contrario ¿aceptaría usted que España no recupere sus deudas?

Yo creo que deberíamos olvidarnos de España y de Alemania. Son las empresas que producen bienes de calidad a precios bajos las que venden,  obtienen beneficios y crecen, y las que producen baja calidad a precios elevados las que deben cerrar y despedir a sus trabajadores –supongo que no querrá usted anular ese motor esencial del capitalismo que es la competencia entre empresas–. Si, por alguna razón, es en Alemania donde se localizan las empresas con éxito y en España las menos competitivas, tienen ustedes tres posibilidades:

a)     creen ustedes en España las condiciones favorables al desarrollo empresarial;

b)     sus trabajadores pueden emigrar; en Alemania los emplearán  si son eficaces y pretenden salarios razonables;

c)      si sus trabajadores se resisten a desplazarse a Alemania y sus exigencias salariales no son excesivas, empresarios alemanes crearán empresas nuevas en España o absorberán empresas españolas que acabaran produciendo con la disciplina y la eficacia alemanas.

Si no aceptan ninguna de estas posibilidades ¿por qué lamentarse? Estamos en un mercado único en el que ustedes han ingresado voluntariamente.

También parece sostener que sus importaciones libran del desempleo a los trabajadores alemanes, que por ello el coste de oportunidad social de nuestra producción es muy bajo y esto justifica que la deuda no se pague. Pero,el paro de los trabajadores españoles que, según usted sugiere, provocan las exportaciones alemanas también implica un coste social bajo de su producción. Si es así, ¿por qué no bajan el precio de sus productos?  Lo expondré de otro modo. Si sus trabajadores prefieren estar desempleados a aceptar las reducciones salariales que les harían competitivos y los trabajadores alemanes prefieren lo contrario ¿quiénes cree usted que merecen mantener su puesto de trabajo?

Aceptemos lo que llamamos principio de soberanía del consumidor ¿qué productos prefieren los consumidores españoles –que son al mismo tiempo los trabajadores españoles?…..Pues… es contradictorio preferir los productos de la máxima calidad y pretender al mismo tiempo mantener empleados a los trabajadores que no los producen.

Todos estos argumentos son un poco gratuitos, pues, a su pesar, la deuda pública española se pagará. ¿Cree usted que cuando venza el plazo de la deuda, si España no lograse colocar nuevas emisiones, el fondo de pensiones y el ahorrador alemán que usted menciona se quedarán sin cobrar? ¿Para qué están los fondos de rescate y para qué está el Banco Central Europeo? ¿Por qué cree usted que el Banco Central Europeo tiene establecido como objetivo
–como obsesión podría decirse– el mantener la inflación controlada? Para proteger a los acreedores. Y, si ahora o en el futuro resulta ineludible para proteger a los acreedores comprar títulos de la deuda pública, lo hará sin duda. Ya lo está haciendo.

Por tanto, mis conclusiones son exactamente las contrarias a las suyas. La deuda pública en que invierten los ahorradores alemanes debe cobrarse y se cobrará.

Atentamente le saluda,

Rüdiger Müller

EL EMPLEO EN LA POLÍTICA ECONÓMICA

26 de Junio de 2010 | Deja un comentario

Teniendo en cuenta la situación actual de la mayoría de las economías desarrolladas y las distintas posiciones oficiales y académicas sobre la necesidad de una mayor austeridad fiscal, no llego a entender como objetivo de pleno empleo se relega permanentemente a un segundo plano.

Me cuesta entender que el principal objetivo que debían perseguir los distintos gobiernos, que sería garantizar un mínimo bienestar a sus ciudadanos (representado éste como la posibilidad de encontrar un puesto de trabajo digno), sea permanente camuflado frente a otros objetivos con la excusa de que éstos son los instrumentos a través de los cuales se garantizará aquel.

Cuando se plantea el aumento del desempleo como un mal menor (y necesario), no encuentro un mejor ejemplo que un padre que tuviera que decidir dejar enfermar (y probablemente morir) a alguno de sus hijos para salvar de inanición a sus hermanos (alguno de ellos incluso con exceso de peso). Es evidente que cualquier padre intentaría salvar a todos sus hijos aunque el estado de salud del conjunto no fuera el deseable.

Creo que se debería plantear el objetivo del pleno empleo como prioritario de la política económica (no hablo de renta potencial, ya que las estimaciones y tratamiento de la NAIRU puede dar lugar a diversas interpretaciones). Existen fuertes motivaciones macroeconómicas para ello:

-         Mantenimiento y mejora del bienestar social.

-         Evitar los problemas fiscales derivados de la entrada en funcionamiento de los estabilizadores automáticos.

-         Favorecer la producción interna del país y evitar granes desequilibrios en la balanza de pagos.

-         Favorecer una política de distribución de rentas más equitativa.

-         etc.

Considero que la mayoría de la población estaría dispuesta a hacer sacrificios para salir de la crisis actual siempre y cuando las políticas económicas anunciadas planteasen de forma clara los cambios estructurales necesarios para conseguir dicho objetivo (pleno empleo), y siguiesen una directriz de afianzar la solvencia a medio y largo plazo sin incurrir en altas tasas de sacrificio a corto.

Como comentaba en un post anterior, a corto plazo se debe hacer todo lo necesario para recuperar el empleo perdido aunque suponga un aumento inicial del gasto, pero planteando las políticas a seguir a medio y largo plazo para garantizar la sostenibilidad de la deuda, la recuperación de niveles aceptables de renta y empleo, y la necesaria recuperación del equilibrio de la balanza exterior.

Plantear la necesidad de austeridad fiscal cuando las economías se encuentran con exceso de capacidad instalada y grandes bolsas de liquidez (los hijos con exceso de peso de mi ejemplo anterior) creo que es elegir un mal menor (evidentemente considerado como tal por el que no tiene problemas de inanición) para favorecer a quien no sólo no lo necesita, sino que posiblemente se haya beneficiado ya del gasto (rescate del sistema financiero).

KRUGMAN SOBRE LA AUSTERIDAD FISCAL, LOS MERCADOS, IRLANDA Y ESPAÑA

17 de Junio de 2010 | Deja un comentario
por → Jorge Uxo

En varios post de este blog hemos insistido en los costes que supondrá para la recuperación y el empleo la aplicación de grandes recortes fiscales de forma simultánea en los países europeos, incluyendo a la que debería servir de locomotora en estos momentos (Alemania).

También hemos planteado dudas sobre la posibilidad de que la respuesta de “los mercados” fuese la esperada. Si bien se argumenta que las medidas de ajuste fiscal eran imprescindibles para recuperar su confianza, también es probable que esta confianza se debilite en realidad ante las peores perspectivas de crecimiento. La elevación del diferencial de la deuda española respecto a la alemana después de los recortes parece mostrar, de hecho, que esto es lo que está ocurriendo. (¿Se imagina el lector lo que hubieran llegado a decir los partidarios de la política de recortes si esta subida se hubiera producido antes de llevarla a cabo? Aunque siempre se puede argumentar que los recortes se han quedado cortos, o que la reforma laboral no va a ser “sustancial”, y así ¡¡hasta el infinito y más allá!!).

Finalmente, hemos considerado que el caso de Irlanda –el primero y más decidido en aplicar las políticas “responsables, aunque dolorosas” que propugna la ortodoxia- podría ser paradigmático del fracaso de esta estrategia.

En un post del pasado 13 de junio (http://krugman.blogs.nytimes.com/2010/06/13/does-fiscal-austerity-reassure-markets/) Paul Krugman hace referencia a las diferencias entre Irlanda y España, y explica también cómo los recortes fiscales no parece estar tranquilizando a los mercados, ni es posible que lo hagan, precisamente por sus efectos restrictivos. Y ofrece una prueba que quizá pueda resultar sorprendente: tanto el diferencial con la deuda alemana como el tipo de los bonos a 10 años es más alto en Irlanda que en España.

CARTA A LA EMBAJADA ALEMANA EN ESPAÑA

15 de Junio de 2010 | 1 Comentario

Excmo. Señor Embajador:

No ocuparé mucho de su tiempo. Soy funcionario y acabo de recibir como instrumento de trabajo un ordenador nuevo, rápido, funcional… Un objeto precioso. Querría darle las gracias a usted como representante del pueblo alemán. El Gobierno español ha debido emitir deuda pública para comprarlo y algún ciudadano alemán habrá colocado sus ahorros en un fondo de inversión o en un fondo de pensiones que tiene en su cartera esos títulos.  La deuda pública que ha financiado la adquisición de este ordenador no se pagará. Por tanto, debo considerarlo como un regalo del pueblo alemán; no a España sino a mí. – las cosas pertenecen a quien las disfruta.

En este caso con los euros que Vds. nos han prestado no hemos estimulado directamente su producción porque este computador no ha sido fabricado en Alemania sino en China.  Pero sí indirectamente porque algún ciudadano americano, con deuda pública comprada por China –que tampoco será devuelta – habrá adquirido productos alemanes.

Quizás lo escrito hasta aquí suscite en usted incredulidad, rechazo e inclusive indignación. Permítame argumentar brevemente que no estaría justificado.

En primer lugar porque si la deuda pública no va a ser pagada es porque ustedes no van a darnos la oportunidad de hacerlo. Ustedes no quieren realmente cobrarla. Un país como el suyo, que produce más de lo que gasta, sólo puede cobrar la deuda que acumula gastando en otro período más de lo que produce, es decir, aceptando déficits exteriores. Ustedes, sin embargo, apuestan por un superávit perpetuo.

En segundo lugar porque para un país que gasta menos de lo que produce, contar con la demanda extranjera significa poder emplear trabajadores que, de otra forma, habrían permanecido desempleados y esto no supone incurrir en coste social alguno. ¿Por qué vamos a pagar nosotros por su excedente de producción más de lo que a ustedes les cuesta?

Finalmente, aunque ustedes no van a cobrar las exportaciones netas que nos han enviado a los países del sur, su ritmo de acumulación durante la última década y su capital productivo al final de la misma han llegado a ser superiores a lo que habrían sido con un comercio equilibrado, y la acumulación de los países del sur, mucho más débil, y su capital final, inferior, a los que  habrían alcanzado en la situación alternativa. Su peso relativo en la balanza de la economía mundial ha crecido y el nuestro ha descendido. Si aceptamos esto su pretensión de cobrar la deuda resultaría excesiva. Equivale a querer cobrarla dos veces. Su regalo han sido las exportaciones netas y nosotros los hemos correspondido estimulando su potencial productivo a costa del nuestro. No es un intercambio ventajoso para nosotros, pero lo aceptamos; no tiene sentido rebelarse contra el pasado.

Sus ahorradores, que –al contrario de lo que sostiene su Canciller– han vivido por debajo de sus posibilidades y van a perder los ahorros acumulados durante un decenio, deben entender lo siguiente: cuando ustedes elogian la austeridad se están haciendo un cumplido a sí mismos. Nuestro punto de vista es que un país que produce con eficacia pero no consume lo suficiente es un free rider y su comportamiento es disfuncional para la economía mundial. Exportar en exceso, generando paro en el país importador –si no se acepta en algún momento futuro la situación inversa– es otra forma de invadirlo. Para que esto se comprenda es preciso que lleguen a entenderlo primero ustedes –las élites– y que después, para evitar el resentimiento, hagan pedagogía.

Mi última consideración es más bien una plegaria a no sé qué dioses. Habría que lograr que la pérdida suya y la nuestra sean mínimas. Es preciso que ustedes comprendan por qué se produce  lo inevitable y lo acepten para que la eliminación de los actuales desequilibrios suceda de forma ordenada y anticipada, evitando arrastrar hacia innecesarias caídas a los demás países implicados.

Con mis más respetuosos saludos

                                                    Alberto Alonso