LA REFORMA LABORAL EN SU CONTEXTO
El gobierno ha aprobado un decreto de reforma laboral que, al final, supone principalmente un abaratamiento del despido –contra lo que venía anunciando hasta hace poco más de un mes- y por tanto una reducción de los derechos laborales de los trabajadores. Pero la valoración de cualquier medida de política económica no puede hacerse sino en el contexto de la situación que atraviesa la economía sobre la que se aplica y de la estrategia general con la que se pretende corregir sus problemas.
La situación es clara: un periodo de recesión o crecimiento muy débil y un aumento muy rápido del desempleo. Por tanto, las medidas adoptadas en estos momentos deben centrarse en el crecimiento y la creación de empleo.
Si analizamos la reforma desde esta perspectiva, el juicio sólo puede empeorar: esta pérdida de derechos, además, no servirá para estimular el crecimiento ni resolverá, por tanto, nuestro problema del desempleo. Más bien, está desviando la atención de las verdaderas medidas que deberíamos estar discutiendo. Intentaré explicar por qué lo creo así.
1.- El primer objetivo debe ser la creación de empleo.- Los defensores de las medidas de reforma laboral han mencionado distintos objetivos, pero centrémonos ahora en lo prioritario: ¿estimulará la reforma laboral la creación de los puestos de trabajo que son necesarios para reducir lo más rápidamente posible nuestra elevada tasa de desempleo? Para responder a esta pregunta racionalmente deberíamos fijarnos en cuáles son las restricciones que limitan ahora la demanda de trabajo por parte de las empresas y preguntarnos si tienen que ver con los costes de despido. Por supuesto, la restricción principal es la falta de demanda agregada. Mientras que las empresas no vean aumentar sus pedidos, no contratarán más trabajadores aunque les cueste más barato despedirlos. Pero salvo que el efecto de la reforma sea una milagrosa conversión de contratos temporales en indefinidos, la demanda de consumo incluso podría retraerse en la medida en que las familias vean aumentar su incertidumbre sobre la indemnización que recibirán en caso de un posible despido. Es cierto que el problema del desempleo no se resolvería por completo si sólo se estimulase la demanda agregada, ya que es necesario que se produzca también un reajuste en la estructura productiva y en este proceso habrá trabajadores no cualificados que corren el riesgo de quedar excluidos del mercado de trabajo. Ahora bien: este riesgo aumentará cuanto más se tarde en recuperar el crecimiento de la demanda –el paro de larga duración tiene efectos devastadores- y no se resolverá con las medidas que se han aprobado, sino con verdaderas políticas activas de empleo que aumenten la empleabilidad de estas personas.
2.-La estrategia de salida de la crisis confunde los efectos con las causas.- Los ejes de la política económica que se está aplicando ahora mismo para salir de la crisis son la reducción del gasto público y la reforma laboral. Esta estrategia cuenta con un sorprendente apoyo mayoritario tanto entre los economistas ortodoxos como entre los comentaristas políticos y los gobiernos europeos. Sin embargo, ninguno de estos dos factores se encuentra en la causa última de la crisis y en la debilidad del crecimiento, que es más bien la falta de demanda global, y la insostenibilidad de un sistema basado en el superávit comercial permanente de algunos países (Alemania en la UEM, por ejemplo) y, como contrapartida, en el endeudamiento de los hogares y sociedades en otros (España, por ejemplo). El origen de la crisis se encuentra en la deuda privada y no en la pública, que en realidad se ha producido por la caída de ingresos fiscales y el aumento de gastos derivado del colapso del modelo. Es, por tanto, una consecuencia de la crisis, y no su causa, por lo que no cabe esperar que la política anti-déficit sirva para resolver los problemas. Y lo mismo cabe decir de la legislación laboral, que en modo alguno se encuentra en el origen de los problemas, por lo que difícilmente puede formar parte sustancial de su solución.
3.- La dualidad del mercado de trabajo, la temporalidad y el cambio en el modelo productivo.- En el debate sobre la reforma laboral se ha producido una paradoja: sus defensores (¡incluso la patronal!) se han postulado como los principales defensores de los trabajadores “precarios” afectados por contratos temporales, tratando de hacer aparecer a los sindicatos como defensores únicamente de la “casta” de los trabajadores con contratos indefinidos. Lo cierto, sin embargo, es que durante la fase expansiva de crecimiento del empleo la voz que más criticó este modelo de expansión del empleo fue la de las organizaciones sindicales.
Los efectos negativos de la desproporcionada tasa de temporalidad son conocidos desde hace tiempo, y tienen una dimensión tanto empresarial como macroeconómica: elevada tasa de rotación laboral, falta de compromiso empresa-trabajador y menor gasto en formación, reducción de la productividad, aumento de la siniestralidad laboral, disminución de la demanda agregada por la mayor incertidumbre, e incluso retrasos en la formación de familias y menor tasa de natalidad al afectar de forma muy acusada a los jóvenes. Por tanto, su eliminación debería ser también un objetivo de la política económica. Lo que no parece muy razonable es que la forma elegida para hacerlo sea aumentar la precariedad del resto de trabajadores facilitando los despidos.
- La aparición generalizada de los contratos temporales en España se remonta, precisamente, a otra reforma laboral, la de 1984. Esta medida se planteó entonces como una forma de aumentar la flexibilidad de las empresas para adaptarse a las circunstancias cambiantes de la demanda, pero a la vez se limitó la causalidad. Que España tenga hoy una tasa de temporalidad que es aproximadamente el doble que la europea y que se haya creado una importante dualidad en nuestro mercado de trabajo supone en realidad reconocer que se ha producido un abuso en la utilización de los contratos temporales, que no responden en realidad al objetivo para el que fueron pensados. Sin embargo, la actual reforma laboral no limita estos abusos, sino que al error inicial le suma otro: una mayor facilidad para que las empresas respondan a los cambios en su entorno mediante reducciones de plantilla.
- La lógica detrás de la reducción de los costes de despido como una forma de limitar la temporalidad del mercado de trabajo parece ser que, en los nuevos empleos que se creen, las empresas se acogerán ahora en mayor medida a contratos indefinidos. Sin embargo, la eficacia de esta medida no será muy alta mientras siga existiendo diferencias en los costes de extinción del contrato. De hecho, ya existe el contrato de fomento del empleo (con 33 días de indemnización para los despidos improcedentes) para algunos colectivos, fundamentalmente menores de 30 años y mujeres. ¿Y cuántos contratos temporales se han convertido en fijos? ¿Por qué ahora esta medida debería ser más eficaz?
- Si pueden elegir prácticamente sin trabas entre un contrato temporal y otro indefinido, aunque con un coste de despido más reducido, ¿qué debería llevar a las empresas a preferir la contratación más estable? Fundamentalmente, un modelo productivo en el que el capital humano sea un factor más importante –por la necesidad de contar con una formación específica para la realización de tareas con mayor valor añadido, por ejemplo- y la confianza en un crecimiento económico sostenido que permita mantener el empleo en la empresa. Lo primero exige tomar en serio y adoptar medidas que posibiliten el cambio en el modelo productivo (políticas industriales, formación profesional, I+D+i) y lo segundo una política macroeconómica orientada hacia el crecimiento y la garantía de una demanda agregada suficiente. Ninguna de las dos condiciones, por supuesto, se encuentra en la legislación laboral.
4.- Flexi-¿guridad?.- La reforma puede criticarse también por lo que no está, ni se le espera. En los últimos tiempos se viene hablando con admiración del modelo danés de “flexiguridad” (flexibilidad para las empresas en la contratación y despido, y seguridad para el trabajador mediante una generosa protección por desempleo y, sobre todo, políticas activas de empleo muy ambiciosas). Sin entrar a valorar ahora este modelo, lo que sí puede decirse es que, como cabía temer, estos cambios en el modelo de relaciones laborales parecen estar caminado a dos velocidades: avanzamos rápidamente con la pata de la flexibilidad, pero no se menciona nada de las reformas relacionadas con la seguridad. Así, el caballo cojea y acaba cayéndose (ya sabemos por qué lado).
5.- Un mensaje antisindical.- El debate actual sobre la reforma laboral ha venido acompañado muchas veces por un mensaje –implícito o explícito- a favor de reducir el poder de influencia de los sindicatos. Por ejemplo, en el debate sobre la dualidad del mercado de trabajo al que nos referíamos antes, pero también en lo referente a la negociación colectiva o la posibilidad de modificar las condiciones internas de trabajo por parte de la empresa sin necesidad de consenso con los trabajadores. Afortunadamente –en mi opinión- esto ha quedado finalmente fuera del decreto, pero el mensaje está ahí y puede estar calando. Sin embargo, dejando aparte consideraciones más ideológicas y centrándonos estrictamente en la situación económica del país, este debilitamiento de las organizaciones sindicales tampoco es conveniente. Una forma de sustituir la posibilidad de llevar a cabo una devaluación es tratar de lograr la depreciación real mediante un crecimiento más moderado de los salarios nominales –que no reales: de hecho éstos han crecido en España menos que la productividad, reduciéndose su participación en la renta-. Ahora bien, es dudoso que los trabajadores de cada empresa acepten por separado esta moderación si no están seguros de que el resto de trabajadores también la aplicará, ya que en ese caso sería inevitable una pérdida en su salario real. Lo que se necesitaría para lograrlo, por tanto, no sería más descentralización y sindicatos más atomizados, sino, por el contrario, más coordinación y un acuerdo de rentas que incluyese también el compromiso de aplicar políticas de demanda más expansivas y que la moderación salarial (nominal) se traslada a mayor competitividad y no a mayores márgenes empresariales.
6. Y, de paso, reducir el peso del sector público y el estado del bienestar.- Ya que estamos considerando el contexto global de política económica en que se inscriben las medidas de reforma laboral, no podemos dejar de mencionar que detrás de esta estrategia se encuentra una concepción liberal de la economía que trata de aprovechar la crisis económica como un Caballo de Troya para reducir la intervención pública y el estado del bienestar. Dejamos para otro post un análisis más extenso, pero si haremos un apunte: en 2007, antes de la crisis, el peso del gasto público en la economía española era 7 puntos inferior a la media de la UEM-12, y 5 puntos inferior a la que había en 1995; respecto al gasto social, en España se situaba en torno al 21%, frente a un 27% de promedio de la UE. Si España tiene un problema de paro y el déficit público es –ahora- elevado, no es porque tenga un sistema de protección social demasiado generoso ni un sector público “desproporcionado o insostenible”.
7. ¿Se calmarán los mercados?.- No lo creemos, ya que más allá de los movimientos especulativos a corto plazo, éstos depositarán su confianza en aquellos países con solvencia suficiente para hacer frente a su deuda. Es decir, con capacidad de crecer. Los recortes fiscales generalizados reducirán esta capacidad y la reforma laboral no tendrá ningún efecto favorable significativo. Pero no nos hacemos demasiadas ilusiones de un cambio en estrategia. Esto acabará sirviendo el siguiente argumento para una nueva ronda de recortes: las reformas actuales se condenarán por poco ambiciosas, como hoy mismo ha afirmado el Banco de España.
En definitiva, si lo que de verdad se quiere crear es empleo, deberíamos dejar de mirar la legislación laboral y reducir los derechos sociales para centrar la atención en lo verdaderamente importante ahora: garantizar un crecimiento sostenido de la demanda y equilibrado en el conjunto de la zona euro. Parafraseando la frase que tanto éxito tuvo, podríamos decir: “el crecimiento, estúpidos, es el crecimiento”.


tras leerlo y releerlo detenidamente: sencillamente magnifico. Claro, concreto, directo, explicativo y muy muy esclarecedor.
Clara, gracias por tu comentario. Te animo a seguir participando en este foro y, sobre todo, a que aportes tus propios puntos de vista, sobre este o sobre cualquier otro tema de la actualidad económica.
Muy buen post.
A mi se me ocurren un par de cosas.
a) Parecía necesaria una reforma en la estructura del mercado laboral. Para llegar al poco más del 8% al que llegamos en tiempos de bonanza hicieron falta más de diez años, mientras que para subir al 20% han hecho falta poco más de uno. Eso es un problema estructural al que hacía falta intervenir.
b) La reforma que se ha hecho se presenta pues como una solución a este problema. Sin embargo, se presenta como un todo o nada. Es decir, o estás con la reforma, o estás en contra de la coherencia económica. Y resulta ser, que tal y como se expone en el post, no era la reforma adecuada ni para estos momentos, ni para los problemas estructurales que sufría España. Si el problema que sufría nuestro mercado laboral fuera el alto coste de despido, no hubiera subido en 10 puntos la tasa de paro en poco más de un año, ni tendríamos la tasa de temporalidad que tenemos.
Pero no se ha tocado la negociación colectiva, y a mi me gustaría saber si efectivamente era uno de los puntos de la reforma que hubiera tenido que modificarse, pero no se ha hecho.
c) Sin embargo el post se centra sobre todo en recomendar políticas de demanda, dejando de lado las políticas laborales.
d) Bajo mi punto de vista, si bien la demanda es verdaderamente el punto esencial de la recuperación y crecimiento sostenido, también es cierto que si no se atajan los problemas estructurales del mercado laboral en España, ante cualquier shock externo que suframos como el actual, volveremos a caer en los abismos del 20% de desempleo. Existe una fuerte histéresis en en mercado laboral a la que hay que enfrentarse.
d) Si las políticas de demanda son las ajustadas (y las que no se están siguiendo) para recuperarse, es necesario reequilibrar el mercado de trabajo para que no tardemos otros 12 años en recuperar tasas de desempleo cercanas a las que tuvimos en la etapa alcista del ciclo, y no tardemos 1 año en perder todo lo ganado en la etapa bajista.
¿Qué pensáis?
Saludos
Iván, gracias por tu comentario, que plantea cosas interesantes como siempre.
Como tú bien dices, no se trata de oponerse a cualquier cambio en el mercado laboral en un tiempo indeterminado. Los argumentos que aparecen el post se refieren a esta reforma laboral y al contexto actual de la economía española. Parece bastante claro que la tasa de temporalidad de la economía española es un problema fundamental que habría que corregir, como ya se intentó –con escaso éxito- en 2006. Así evitaremos seguramente, como tú dices, que en el próximo shock volvamos a experimentar subidas tan rápidas del paro. Aunque para llegar a esa orilla antes hay que cruzar el río de la recesión actual….
Mi discrepancia es que la forma de hacerlo sea reduciendo los costes de despido de los indefinidos. A mí me parece que el abuso de los contratos temporales viene de la primera reforma importante que se hizo en el mercado de trabajo (1984) cuando se permitieron este tipo de contratos sin causalidad. Desde entonces estamos dando vueltas al problema sin atajar su raíz: el 94% de los contratos que se han firmado en junio son temporales, pero desde luego no vamos a creer que todos obedecen objetivamente a necesidades temporales de las empresas. ¿Que éste no es el momento para poner trabas a este tipo de contratos, como se argumenta? Pues entonces es que la reforma laboral no es la prioridad de hoy.
Una cuestión que planteas es lo lento que se redujo la tasa de paro y lo rápido que se ha incrementado. No estoy seguro que las dos cosas obedezcan a las mismas razones ni tampoco que se expliquen por un mal funcionamiento del mercado de trabajo. Me explico.
En la fase expansiva la economía española creció muy rápidamente y, además, este crecimiento fue muy intensivo en empleo, como muestra que la productividad del trabajo prácticamente se estancó. Difícilmente vamos a crear empleo más rápidamente en la próxima fase expansiva, ni con esta reforma laboral ni con cualquier otra. La razón por la que la tasa de paro se redujo tan lentamente no está en el lado de la creación de empleo, sino en el elevado ritmo de crecimiento de la población activa –algo positivo en sí mismo-. Algunos datos ayudarán a ilustrar el argumento: entre 1994 y 2007, la población entre 15 y 64 años creció en la media de la UE15 un 0,4% anual, y en España un 1,23%; además, en 1994 la tasa de actividad española era de sólo el 58,3% frente al 67,7% de la UE15, pero en 2007 prácticamente habían convergido (73,5% en España y 73,8% en la media europea). Como consecuencia, en estos 13 años la población activa creció a una tasa anual del 2,9%, frente al 1% europeo. Nada de esto tiene que ver con la legislación laboral, me parece.
¿Por qué ha subido tan rápidamente la tasa de paro en España, en relación con otros países, durante la fase recesiva? En primer lugar, el crecimiento de la población activa se ha ralentizado en 2008 y 2009, pero sigue siendo más alto (1,9% frente a 0,7%). Pero, sobre todo, se ha destruido relativamente mucho más empleo, a pesar de que la tasa de crecimiento del PIB no ha sido muy distinta. ¿Por qué crees tú que se ha producido esto? Yo dejo apuntadas tres razones que seguramente se han combinado, a ver qué te parece a ti: la composición sectorial de la economía española, relativamente más concentrada en los sectores –como la construcción- donde la crisis ha sido más importante; el modelo productivo de la economía española, caracterizado por una utilización abundante de trabajo poco cualificado que las empresas no necesitan “conservar”; y, nuevamente, porque a las empresas españolas les resulta más fácil despedir por el excesivo peso de los contratos temporales.
a veces me pregunto porqué no somos más “empíricos” y nos centramos en aquello que la realidad nos ha demostrado, en vez de seguir “ciegamente” en la fe de teorías económicas que por el contrario sólo han demostrado su efectividad en el papel. Me refiero a varios temas que paso a apuntaros:
- competir vía costes, en particular salarios queda en mi opinión tan demostrada su ineficacia que creo que sin más explicación que un mero ejemplo bastaría: Alemania vs. Marruecos: País con con producción de alto capital humano, bien remunerado y protegido versus País con producción de baja cualificación mal remunerado y desprotegido: Qué país es más “rico” (en todos los sentidos de la palabra)?? Resulta obvio, verdad? pero resulta obvio no por las explicaciones teóricas en un papel sino porque la realidad lo demuestra dia a dia. Dejemonos de divagaciones, la respuesta está clara (otra cosa es que algunos no la quieran entender o la prefieran olvidar) que si fuese cierto que la competitividad se consigue vía salarios y/o desprotegiendo el empleo entonces Marruecos habría ganado la carrera a Alemania hace tiempo.
- Reducir el Gasto Público en épocas de recesión o incluso depresión: una vez más me parece esteril el debate creado cuando con la mera lógica y estudio de la historia nos muestran que esta obsesión por reducir el gasto público precisamente cuando es más necesario es incongruente… pero acaso no es precisamente en épocas de recesión e inestabilidad cuando más entidad e importancia toma el Estado del Bienestar y su gasto público?? Paul Krugman en su tribuna de este fin de semana lo deja claro: “Recortar drásticamente el gasto en mitad de una depresión es realmente autodestructivo”
- Las reformas laborales que encubren precariedad en el empleo en aras de incentivar a los empresarios a crearlo, es otro “axioma” cuya ineficacia me parece más que demostrada. E incluso han habido empresarios, que tal vez con algo más de visión que el beneficio cortoplacista o con un criterio empresarial menos simple, lo vieron y aplicaron justo lo contrario… y hace ya mucho tiempo! Otro ejemplo evidente: Herry Ford. Quien en vez de ver a los trabajadores como un factor más de producción los entendió con su doble cualidad: como trabajadores y como consumidores. Porque parece que a algunos empresarios se les olvida que en una economía estos dos perfiles (consumidor y trabajador) no van separados, son el mismo ente. Y por extensión, un país con una masa obrera (y consumidora) ahogada con precariedad en el empleo, bajos salarios y temporalidad que les arroja a altas tasas de ahorro… son los mismos consumidores precarios, con bajos salarios y con altas tasas de ahorro que no demandaran a estos empresarios de cortas miras.
en fin, termino dejándoos el enlace al articulo de Krugman sobre “la tercera depresión” que me ha parecido tan bueno como evidente en sus conclusiones (“… los mercados financieros comprenden lo que los responsables políticos parecen no entender: que aunque la responsabilidad fiscal a largo plazo es importante, recortar drásticamente el gasto en mitad de una depresión, lo cual empeora esa depresión y allana el camino hacia la deflación, es realmente autodestructivo”)
http://www.elpais.com/articulo/economia/global/tercera/depresion/elpepueconeg/20100704elpnegeco_4/Tes
Clara, gracias por tu contribución. Quería haberte contestado más rápidamente, pero me ha sido imposible.
La reflexión que haces sobre el modelo elegido para competir me parece que tiene un calado importante. Tratar de hacerlo mediante contenciones salariales es un error de bulto, y además una quimera: (1) ya hay países con los que no podríamos competir en costes laborales (tú citas algunos); (2) lo importante es la comparación salarios-productividad, y esta última no es sólo “de los trabajadores”, sino del sistema económico y empresarial en su conjunto; (3) la degradación de las condiciones salariales y laborales no es necesariamente favorable para el crecimiento de la inversión y la expansión de las empresas, sencillamente por la triple faceta de los empleados (perceptor de salarios que se detraen de los beneficios, pero también productor que debe estar cualificado y motivado, y sobre todo demandante de los productos que esas empresas ponen en el mercado).
El artículo de Krugman que recomiendas es muy interesante, como casi todo lo que aparece en su blog. Gracias por la referencia.
Un saludo y de nuevo gracias por tu aportación.
Hola a todos!!
Está muy interesante este foro, espero que siga creciendo, proque es un lugar interesante que visitar a menudo.
Acerca de la recesión, creo que todos estamos de acuerdo que la prioridad es la demanda, y que esta reforma del mercado laboral, al igual que las otras de reducciones del gasto, va en contra de los intereses de los ciudadanos (recesión, paro, precariedad, etc).
Probablemente, sería pues interesante preguntarse a quién beneficia. Pero esa es otra historia.
Una cosa que me interesa de lo que has dicho, Jorge, es acerca de las subidas y bajadas de nuestra tasa de paro. Es interesante ver si efectivamente ésta se ha incrementado por cuestiones de oferta o demanda de trabajo.
Es importante en la medida en que si se logra discernir el origen de los aumentos y disminuciones, esto permitiría tener una visión más completa del mercado, y así encuadrar de manera más eficaz una política laboral (basta de reformas), y hacer más eficaces las expansiones fiscales y monetarias que según algunos (como nosotros) necesita la economía.
Respecto a las bajadas.
No te falta razón cuando dices que la lenta caída de la tasa de paro ha sido debida al incremento de la población activa. Sin embargo, me queda la duda de si es el hecho fundamental que la pueda explicar. He estado repasando algunos datos, y he visto que Irlanda también tiene unas tasas de crecimiento de la población activa bastante grandes. Concretamente, de los 12 periodos que has mencionado, el intervalo 1998-2009, 7 han sido superiores o iguales a la tasa de crecimiento de la población activa en España (eurostat). Sin embargo ellos llegaron a tasas de paro del 4.5 (2006) en su mejor momento, y nosotros del 8.3 en el 2007.
Ahora bien, yo no estoy diciendo que hace falta abaratar los costes de despido, que me parece asimilable a apagar el fuego con gasolina, sino que creo que hay un problema estructural, que se pone de manifiesto al ver que en países con tasas de crecimiento de la población activa iguales o mayores que los de España, la caída en la tasa de desempleo ha sido más pronunciada, por lo que la subida en la fase recesiva, ha sido menor.
Acerca de los incrementos.
Las tres razones que tú apuntas me parecen muy oportunas, y acertadas. Modelo productivo, y exceso de flexibilidad son las piezas que creo que componen el puzle del rápido aumento del paro en España, pero sobre todo, modelo productivo.
Esto es así, porque si una empresa necesita un trabajador cualificado, por muy barato que el despido sea, no tendrá incentivos a hacerlo, por los costes derivados de su formación específica (una especie de costes de menú laborales).
Por eso creo que una buena política laboral pasa por
1) cambio de modelo productivo (habría mucho que hablar de esto, para que no se quede en la eterna carraca que se repite incansablemente dejándola prácticamente sin contenido). Empresas tecnológicas, investigación, nuevas tecnologías, industria, turismo de calidad…
Pero creo que también pasa por un indefectible cambio en la cultura empresarial de este país.
2) políticas activas de empleo, i.e. capacitación de los trabajadores que han entrado en situación de desempleo para poder abastecer este cambio de modelo.
3) Prestaciones por desempleo suficientemente altas como para modificar tanto los incentivos a los trabajadores, como de los empresarios a pagar salarios reducidos. Esto, combinado con efectivas políticas activas de empleo, permitiría tener trabajadores cualificados, y obligaría a las empresas a generar productos con alto valor añadido, en vez de tanto pelotazo.
4) Incentivos fiscales a ciertos tipos de industrias, que queramos promocionar, y que nos ayuden a cambiar el modelo productivo.
Por eso, estando de acuerdo con las políticas de demanda propuestas en el blog, creo que hay que aplicar también este tipo (y no las políticas de oferta que se están llevando a cabo) de políticas de oferta.
¿Qué pensáis? … Saludos
Iván, perdona que no te haya contestado antes, me ha sido imposible.
Efectivamente, Irlanda es el único país de la UE15 (los que estoy utilizando para hacer las comparaciones) en el que la población activa creció más que en España entre 1994 y 20007, y también es cierto que en ese año tenía una tasa de paro inferior a la española (4,6% frente a 8,3% en la media del año). Pero esto no contradice la argumentación que yo hacía: (a) en este periodo, ambos países crearon empleo a un ritmo parecido (3,1% anual Irlanda, 3% España); (b) de hecho, el país en que más se redujo la tasa de paro fue España (10,1 puntos porcentuales frente a 7,7); (c) la razón por la que España seguía teniendo entonces un porcentaje de paro mayor es que en 1994 su tasa de paro también era más alta (19,5% frente a 14,3%). En definitiva, lo que quiero decir es que la tasa de paro que tiene un país en un momento determinado no es SÓLO el resultado de las instituciones del mercado de trabajo, sino que hay que verlo en una perspectiva dinámica: de qué punto partía, a qué ritmo ha crecido y por qué, cuál ha sido la intensidad de empleo del crecimiento. Dicho de otra forma, es perfectamente posible que el paro aumente o disminuya sin que se produzcan cambios en las instituciones del mercado de trabajo.
Me parece muy interesante, por otro lado, el debate que abres sobre qué significa el “cambio en el modelo productivo”, en qué medida puede resolver mejor problemas como el de la excesiva rotación laboral y cómo puede llegarse a él. Seguramente es un complemento necesario a las políticas de demanda. Creo que valdría la pena dedicarle algo más de espacio en el blog a partir de ahora; te animo a que nos envíes más contribuciones sobre este tema. De momento, apuntas algunas ya algunas ideas importantes, sobre todo que el cambio requiere determinadas “políticas activas” para alcanzarlo.
El Informe Mensual de La Caixa de junio 2010 está dedicado a los “Sectores con futuro” y continene un análisis de la estructura sectorial de la economía española y de los sectores desligados de la construcción y con vocación exportadora que merece la pena (http://www.lacaixa.comunicacions.com/se/ieimon.php?idioma=esp&llibre=201006&cpn=010150s).
Un saludo.