KRUGMAN Y LA INFLACIÓN EN LA UNIÓN MONETARIA EUROPEA
Krugman argumenta aquí que, para que los países de la Europa del sur recuperen su competitividad sería necesario que su tasa de inflación sea durante cinco años cuatro puntos más baja que la que se produzca en la zona norte. Esta diferencia puede lograrse con una inflación en Alemania del 2% y con una deflación en España del -2%, lo que, dado el tamaño relativo de las dos zonas que el supone, generaría una inflación media del 1% o, alternativamente, mediante una inflación en Alemania del 4% y una en la zona sur del 1%, lo que determinaría una inflación media del 3%.
Es obvio que para los países del sur es mejor la segunda opción. Por ello, cualquier medida que pretenda reducir pronto la posible deriva inflacionaria en Alemania dificulta el reequilibrio de la balanza comercial entre las dos zonas. Los países del sur desearían que el Banco Central Europeo eleve su objetivo de inflación hasta el 3%, que Alemania soporte la infamia de un 4%, quedando a su cargo reducir su tasa hasta el 1%.
Pero se pueden obtener conclusiones distintas si suponemos:
a) que el BCE no va a renuncia a su actual objetivo de inflación media del 2%;
b) que la reducción de la inflación en la zona sur es muy poco sensible a las reducciones de la demanda agregada (la actual inflación española del casi 3% en una situación recesiva justificaría este supuesto).
Con estas dos premisas, la conclusión que obtenemos es que cuanto más retrase el BCE su actuación contra la inflación alemana mayor será la recesión que tendrá que inducir en la zona sur sin que aumente el diferencial de inflación necesario para restaurar su competitividad. Veamos.
Supongamos una Unión Monetaria Europea compuesta por dos zonas de igual tamaño. Llamémoslas Alemania y España. La tasa de inflación inicial es en ambas zonas el 2%. Supongamos que en una de las dos zonas –Alemania– la inflación se eleva dos puntos porcentuales. La inflación media de la UME sube un punto y el BCE eleva el tipo de interés para neutralizar esta subida.
Si las inflaciones de las dos zonas son igualmente sensibles a las elevaciones del tipo de interés, la inflación de la zona norte bajará al 3% y la de la zona sur al 1%, recuperando así el BCE su inflación objetivo.
La contracción de la demanda en la zona norte se atenúa en este caso porque parte del exceso de inflación media se elimina reduciendo la inflación de la zona sur. Y la zona sur experimenta una contracción injustificada por su inflación inicial.
Para las economías del sur este comportamiento tendría la ventaja de que se logra reconducir la inflación media sin anular el diferencial de inflación a su favor que permite la recuperación de su competitividad. En este caso, cuanto más tarde en reaccionar el BCE más se habrá elevado la inflación en Alemania y mayor será el diferencial de inflación resultante.
Pero si suponemos que la inflación en la zona sur es muy insensible a la contracción de la demanda, sucederá que:
a) Se hace necesario una mayor elevación del tipo de interés y la contracción de las dos zonas tiene que intensificarse.
b) El retorno de la inflación media hasta el 2% se logrará únicamente –o de forma predominante– reduciendo la inflación de la zona norte. En un caso extremo, la inflación de la zona norte retornará al 2%, igualándose a la de la zona sur.
No habrá en este caso posibilidad de mejora de la competitividad de la zona sur y sí una intensificación de su recesión. Por tanto, si hemos razonado bien, una subida preventiva del tipo de interés del BCE que evite que la inflación alemana se eleve resultaría beneficiosa para la zona sur.
Imaginemos para contrastar el caso contrario: una sensibilidad de la inflación de la zona sur a la política contractiva superior a la de la zona norte. En este caso las inflaciones iniciales –Alemania 4% y España 2%– se convertirían, con la política contractiva, en Alemania 3,5% y España 0,5%, determinando una inflación media del 2% y con un diferencial a favor de España del 3%. Demasiado bueno para ser cierto.

