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¿SALIR DEL EURO? (II)
Posted By Alberto Alonso On 2 02UTC Marzo, 2011 @ 7:45 pm In Blog | No Comments
¿Por qué la salida del euro será difícil y no inmediata?
1.- Para los economistas, el posicionamiento a favor o en contra del euro depende del tipo de visión que tengan del funcionamiento de la economía. Existe una afinidad entre las ideas económicas ortodoxas y las ventajas atribuibles a una unión monetaria. La relación es fácil. Si tuviéramos que caracterizar la economía ortodoxa con una palabra, ésta sería confianza, confianza en las bondades del mercado, en su capacidad para regular los procesos económicos. Pues bien, la Unión Monetaria Europea es un gran mercado, un mercado ampliado, sin las barreras erigidas por la existencia de monedas distintas. Y los economistas españoles formados en universidades norteamericanas, en las que en los últimos 30 años han predominado las ideas ortodoxas, ocupan y son asesores en los principales centros de decisión de la economía española. Las ideas y poco más gobiernan el mundo, decía Keynes.
2.- Es esperable que la resistencia que a la salida del euro ofrecerán los burócratas y políticos asociados a la UE y a la UME, nutriéndose de la fuerza que dan la defensa de los sueldos elevados, de la posición privilegiada y del poder, sea como la defensa de una ciudad sitiada cuyos habitantes esperan que si claudican serán pasados a cuchillo.
3.- La población española es predominantemente europeísta. Habíamos logrado que nos aceptasen en Europa, África ya no empezaba en los Pirineos y abrirse ahora a la idea contraria de que Europa –con más precisión la UME– no es la solución sino el problema es una metamorfosis mental que exige tiempo y fuerza. La ley de la inercia no opera solamente en el mundo físico.
4.- A las puertas de la UME podría escribirse, como a la entrada del infierno de Dante: Pierda toda esperanza –de salir– el que aquí entre. La esperanza que debemos perder es que una crisis financiera provocada por la contradicción fundamental de la UME nos permita evadirnos. Esta contradicción podríamos enunciarla así. Los exportadores alemanes tienen vocación de eternidad, quieren seguir exportando hasta el fin de los tiempos, y los trabajadores alemanes quieren mantener su puesto de trabajo hasta que les obliguen a jubilarse, lo que exige una demanda sostenida de exportaciones. Por tanto, objetivos concordantes. Pero los trabajadores y empresarios exportadores son, al mismo tiempo, ahorradores, ahorradores que prestan, a través de una serie de intermediarios, a ciudadanos y empresas de los países que absorben sus exportaciones netas, y cuyos objetivos son obtener rentabilidades elevadas y la seguridad de que van a recuperar sus inversiones. Exportar sin pausa exige que la deuda crezca sin límite, y esta deuda no puede cobrarse verdaderamente si en algún momento los países deudores no logran superávits. Claro que a cada individuo no tiene por qué preocuparle que el país importador no pueda pagar, si él puede hacer líquida la deuda suscrita, es decir, vender sus títulos cuando lo desee. Para ello tiene que encontrar un nuevo prestamista que lo sustituya, que, a su vez, debe confiar en que cuando él quiera deshacerse de sus títulos, también lo va a encontrar. Si el pagador fundamental, que es el Estado del país importador, no va a poder hacerlo, no se le va a permitir hacerlo, es preciso confiar en la existencia de una cadena infinita de compradores potenciales para que el actual suscriptor se sienta seguro. Salvo que el Banco Central Europeo se convierta en comprador de deuda en última instancia y los inversores confíen en que jugará este papel. ¿Lo hará? Nos atrevemos a anticipar que se ajustará al viejo adagio “de joven puta y de vieja beata”. Pero invirtiéndolo. Queremos decir que sustituirá las beaterías y escrúpulos actuales hacia la monetización por una prestación profesional, sin remilgos, de los servicios que Alemania le demande. Monetizará lo que sea necesario para salvar una crisis que pueda poner en entredicho la solvencia de los bancos alemanes y la pervivencia del euro. Si esta idea es válida, no será el rechazo de la deuda por los mercados lo que nos ayudara a evadirnos, la puerta de salida se abrirá solo por la decisión unilateral del Gobierno del país, presionado por las fuerzas sociales. Será el crecimiento del paro y no el crecimiento de la deuda el que forzara la salida de un país del euro.
5.- Convertir el descontento social en fuerza política –evitar que genere sólo resignación o desesperación ciega– exige estructurarlo, es decir, ofrecerle una explicación de sus causas y alimentarlo con la fe en una alternativa. Para esto hacen falta ideas, moderación y, probablemente, otra serie de cualidades que el que esto escribe ni siquiera llega a adivinar. Este puede ser el reto para los políticos progresistas españoles. ¿Tendría que constituirse la salida del euro en el objetivo esencial de la izquierda en el futuro inmediato? Debe discutirse.
Postdata
Habiendo releído lo escrito hace una semana en el último apartado, titulado “¿Abandonar el euro?”, he apreciado una cierta ligereza que roza la frivolidad y que merece una autocrítica. No por algunas licencias verbales, quizás inadecuadas, sino porque los motivos aducidos para justificar la resistencia a abandonar el euro –la teoría económica ortodoxa de los economistas españoles, la resistencia de los funcionarios a abandonar sus privilegios, la posible incapacidad de la izquierda para canalizar el descontento social, la traición del Banco Central Europeo a su actitud inicial sobre la monetización y un europeísmo ya fuera de tiempo en la población española- son razones sin razón, inválidas, equivocadas. Si no salimos del euro pronto, parece afirmarse, será solo por una serie de resistencias injustificadas. Esto es parcial y tendencioso. Puede haber políticos o ciudadanos que se opondrían a la salida del euro, sin ser economistas ortodoxos ni defender intereses personales, sencillamente porque consideran que comportaría para nuestro país unos costes tremendos e inasumibles. Sobre éstos nada se ha dicho en el trabajo anterior y esto es, sin duda, una carencia que habrá que subsanar. Es cierto que las dificultades que habría que afrontar dependerán de la forma en que se produzca la salida y sobre esto, aparte de sugerencias teóricas, nada sabemos. Pero, se haga como se haga, los costes pueden ser muy elevados y la prudencia puede inducir a esperar y ver en vez de adoptar una actitud demasiado alegre de “sí, pronto”. Es cierto también que nunca los costes del divorcio deberán ser argumento suficiente para mantener un matrimonio fracasado, pero habrá quienes piensen que nuestra relación con la UME es recuperable, y para ellos, la consideración de los costes de salida puede resultar decisiva. Valga la rectificación.
Madrid, 29 de agosto de 2010
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