¿SALIR DEL EURO? (I)
Debemos hacernos dos preguntas fundamentales sobre el euro. Primera, si vale la pena apostar por su continuidad. Segunda, si es probable que sobreviva. Como los dioses son crueles y no juntan siempre lo deseable con lo posible, las respuestas a estas dos preguntas son independientes en gran medida. Podría suceder que valga la pena apostar por el euro y que no sobreviva o, por el contrario, que para los países del sur de Europa sea un lastre y, sin embargo, su vida se prolongue dolorosamente.
Nos parece que la opinión más generalizada en Europa, o al menos en España, es que vale la pena esforzarse por superar la crisis actual de la Unión Monetaria Europea, aunque se mantienen serias dudas –no explicitadas ante la opinión pública– sobre su posibilidad de supervivencia. Por el contrario, la respuesta que nosotros daríamos a la pregunta ¿debemos salir del euro? es: SÍ, PRONTO, estimando al mismo tiempo que la probabilidad de que la salida tarde en lograrse –suponiendo para España una o más décadas perdidas– es muy elevada.
Argumentaremos por separado las dos afirmaciones contenidas en nuestra posición.
¿Por qué es necesario abandonar el euro?
1.- Tal como está diseñado, el euro es un objeto imposible. La crítica, desarrollada en la segunda parte de este trabajo, distinta de la que suele aparecer en la teoría de las áreas monetarias óptimas, podría resumirse así: nunca existirá un tipo de interés del Banco Central Europeo para el que los países miembros puedan alcanzar sus rentas potenciales simultáneamente sin incurrir en déficits/superávits exteriores permanentes, desequilibrios que obviamente no son sostenibles en el largo plazo.
Esta objeción plantea la cuestión de si existe un diseño alternativo viable contando con las restricciones derivadas de las diferencias demográficas, tecnológicas, políticas, etc. existentes entre sus miembros. A esta pregunta no puede responderse fácilmente y de inmediato. Sólo puede contestarse después de explorar y evaluar la viabilidad de todas las posibles alternativas.
Pero hacer esto supondría una recreación de la UME, casi comenzar desde cero, y exige creatividad, flexibilidad, actitudes conciliadoras y, sobre todo, liderazgo. Sin estar seguros, se entiende, de que la alternativa viable exista. Pero Alemania, que, por su potencia económica y por su tamaño, está condenada al liderazgo, ¿puede actuar como un país líder? ¿Cree Alemania en la UME y en Europa? ¿Está dispuesta a sacrificar sus intereses nacionales en aras del interés común del conjunto de países miembros? ¿Puede movilizar la capacidad intelectual para resolver los problemas complejos que tal diseño supone? Veamos si puede darse a estas tres preguntas respuestas afirmativas.
a) ¿Cree Alemania en Europa y en la UME? En este momento Alemania sólo cree en Alemania. El cambio generacional y quizás la unificación han provocado la sustitución del sentimiento de culpa por la guerra y la necesidad de hacerse perdonar, supeditando el ego nacional a la idea de Europa, por una actitud de “no debemos sino que nos deben” y por la convicción, avalada por su éxito económico, de su superioridad como país. Pero no hay liderazgo sin un talante moral y ni sus más benévolos jueces podrán defender que Alemania lo ha mostrado en esta última crisis.
b) ¿Está dispuesta Alemania a sacrificar sus intereses nacionales…? La respuesta es NO. Puede asegurarse que Alemania desea que la UME perviva pero como un instrumento, para garantizarse un entorno protegido para la colocación de sus exportaciones. Porque hasta los más obtusos adivinan que, disuelta la UME, las devaluaciones inmediatas de las monedas alternativas eliminarían los déficits de los países del sur. Ahora bien, lo que interesa a Alemania, seguir obteniendo superávits o, lo que es equivalente, convertir en colonias a los países del sur, es contra lo que éstos deben luchar para que su permanencia les resulte soportable. Es cierto que en el momento presente, la sumisión y el complejo de inferioridad de sus gobiernos rozan la indignidad, y esta reivindicación no ha aparecido todavía pero no sabemos en qué medida en el futuro estas actitudes de los gobiernos deberán cambiar para hacerse eco del descontento emergente de sus poblaciones.
c) Nada nos atrevemos a decir sobre la inteligencia alemana. Sería presuntuoso e infundado. Sólo puntualizar que no se trata de capacidad intelectual pura. La tarea exige por lo menos dos requisitos adicionales: que los economistas estén dotados de las herramientas intelectuales apropiadas para abordar los problemas enunciados, es decir, que su capacidad no haya sido lastrada por el aprendizaje de modelos- entelequia y que se hallen en las proximidades de los centros de poder o tengan voz en ellos.
2.- Las razones económicas para abandonar el euro ya han sido sugeridas, quizás de forma dispersa, en partes anteriores de este trabajo. Podríamos resumirlas así: Alemania, un país con una insuficiente demanda interna para absorber su producción y garantizar el empleo de su mano de obra, resuelve este problema gracias a un saldo exterior boyante basado en la alta relación calidad-precio de sus exportaciones.
Pero reduce su desempleo a costa de incrementar el de los países del sur. Alemania y los países del sur juegan a un juego de suma cero en el que, en el momento presente, estos son los perdedores. La debilidad de la demanda agregada alemana es, en parte, inevitable, atribuible a razones demográficas, pero también se debe a una política premeditada cuya justificación implícita es: Nosotros resolvemos nuestro problema de desempleo exportando; el desempleo de otros países no nos importa. Que hagan lo mismo que hacemos notros.
Los países del sur se enfrentan a una débil demanda agregada por el desendeudamiento de sus ciudadanos y empresas, débil también por los déficits comerciales cuya persistencia está garantizada por depreciación real de Alemania. Debilidad resultante asimismo de una política monetaria común calculada para no sobreestimular a Alemania y de una política fiscal a la que, para evitar el crecimiento de la deuda pública, le están vedados, limitados, los déficits que la contracción requeriría. ¿Pueden las hadas malignas pronunciar más maldiciones? Sólo si existe una variable exógena llamada milagro podremos salir adelante.
Este diagnóstico de la situación económica a corto plazo se prolonga hacia el largo. La recesión económica reduce la tasa de beneficio, la acumulación y la generación de empleo. Además, la imposibilidad de competir con éxito en la producción industrial desplaza la actividad española hacia sectores en los que el avance tecnológico es más lento y en los que nuestra mano de obra cualificada no puede emplearse. España, Italia y Grecia van camino de convertirse en destinos para que hagan turismo en verano los trabajadores activos de los países del norte y para que disfruten de un invierno más benigno sus jubilados. Para nuestros jóvenes, la alternativa puede limitarse a elegir entre la bandeja de camarero y la emigración.
3.- Estar o no en la moneda única es una cuestión técnica, de mecánica económica, que no lleva consigo el entusiasmo o la indiferencia hacia la idea de Europa. Porque ¿qué se entiende por Europa? a) Europa es un universo de ciencia y cultura. Es la excelencia intelectual, la tolerancia y la democracia. Europa es Erasmo, Mozart, Shakespeare, Goya y Einstein; b) Europa es una unidad económica capaz de adoptar decisiones unitarias y dotada del peso suficiente para enfrentarse y para negociar con eficacia con las demás unidades, Estados Unidos, China…, que juegan su papel en el escenario mundial.
Para la primera interpretación de Europa, el hecho de que la UME sobreviva o no, es irrelevante. La permeabilidad a las ideas nuevas será la misma y los intercambios intelectuales y culturales se producirán con la misma intensidad con moneda única que sin ella. Tampoco supone una ventaja para la segunda acepción de Europa la supervivencia de una Unión Monetaria, si esta alimenta la existencia de intereses económicos contrapuestos entre sus países miembros y, por ello, agota sus energías políticas en el conflicto interno, incapacitándola para reaccionar de forma unificada en su interacción con el exterior.

